lunes, 29 de abril de 2013

DE QUINCEY

Navegando entre dos orillas: el asesinato como obra de arte


Del asesinato considerado como una de las bellas artes de Tomas de Quincey (1785 – 1859[1]) abordará el tema del asesinato, pero a diferencia de todas las perspectivas tradicionales, lo hará desde otra visión. De Quincey hace tambalear el piso –para su tiempo- con la propuesta que elabora en torno al asesinato. Empero, antes de ingresar a la propuesta preguntémonos a qué género pertenece su obra. De forma muy basta tenemos conocimiento que las dos primeras partes son ensayos; sin embargo, la última: “Post Scriptum” posee el tono narrativo, bien podría tratarse de la recreación en base a sus dos ensayos. Así, desde la forma de la obra De Quincey hace tambalear al lector, ya que no sabe a qué mundo está ingresando. Así, el autor nos hace fluctuar entre dos géneros, pero no contento con ello a lo largo de su obra nos enfrentará al asesinato desde el punto de vista moralista y el estético, poniendo énfasis en último.
De Quincey manifiesta que “Las viejas y la muchedumbre de lectores de periódicos se conforma con cualquier cosa siempre que sea lo bastante sangrienta”[2], a diferencia del “hombre de sensibilidad [que] exige algo más” (De Quincey, 1999:47). Lo que ahora nos interesa es ahondar en ese “algo más”. Entonces, ¿en qué consiste el asesinato desde el punto de vista estético o, en todo caso, qué entiende De Quincey por el asesinato estético? Pues bien, este tipo de asesinato “exige algo más que la composición de un par de idiotas que matan o mueren, un cuchillo, una bolsa y un callejón oscuro” (De Quincey, 1999:16). El asesinato como obra de arte se explica a sí mismo, sin necesidad de que el asesino reconstruya los hechos o algo similar.
El asesinato puede ser visto desde diferentes perspectivas, sólo así se podrán dar varias interpretaciones, en relación a esto podemos citar la matanza de los Marr: “Algunos periódicos discutieron mucho la posibilidad de explicar todas las circunstancias, suponiendo que hubiesen sido obra de una sola persona” (De Quincey, 1999:110).
Ahora demos a conocer las razones por las cuales creemos que De Quincey manifiesta que el asesinato debe ser considerado desde una perspectiva estética, obviando los casos en los cuales se lo hace por venganza o robo. En ese sentido, tenemos que recurrir a la matanza de los Marr. El asesino, Williams, mata toda una familia a excepción de la empleada, y será a través de ella que el lector se acerca a la escena sangrienta. Recordemos que en “Post Scriptum” se manifiesta que lo preferible es asesinar a un conocido. Así, se forman varias hipótesis en relación a las causas que impulsaron a Williams a asesinar a los Marr[3]. La noche que consumó la matanza examinó con sigilo la casa de sus víctimas y esos azares de la vida obligaron a la empleada a salir de compras. El asesino ingresa a la casa pero el lector no, el narrador dirá “dejemos al asesino solo con sus víctimas. Durante cincuenta minutos podrá trabajar a su gusto” y nosotros regresaremos con Mary –la empleada- “cuando todo haya terminado (…), levantemos el telón y leamos el horrible relato de lo que pasó durante su ausencia” (De Quincey, 1999:82). Así, el narrador limita y a la vez otorga libertad a la imaginación del lector. Como en el museo nos encontramos ante una obra en particular, sobre la cual sólo tenemos lo que está frente a nuestros ojos, desconociendo completamente en qué se inspiró el pintor o escultor, o cómo trabajó en la obra de arte. Así, lo que vemos luego son los cadáveres de cuatro individuos, pero no sabemos cómo sucedió tal acción.
Las imágenes hablan por sí solas, por esa razón el narrador manifiesta que “La posición de Marr contaba su historia” (De Quincey, 1999:88). Nadie puede decir lo que sucedió, no existen testigos, lo único en lo que podemos creer es en lo que vemos. Pero, ahí un conflicto, varios podrían privilegiar la posición de los cadáveres, otros los objetos que los rodean. Así, varias posibilidades se hallan ante nosotros. Lo que no se debe olvidar es que no podemos sobre interpretar, ¿cómo podemos saber que hemos ingresado a ese terreno? Sólo basándonos en la(s) escena(s) podemos evitar caer en ella.
Lo mismo sucede al momento de la lectura, son varias las entradas a la obra, todas ellas nos indicarán una lectura propia; lo que no podemos dejar de lado es que debemos tener pruebas en la obra misma antes de afirmar algo. Todo está en ella, al igual que en la casa de los Marr, toda interpretación en torno al asesinato debe ser comprobable en la escena. Ahí, la riqueza de la obra de arte, todo es posible, las posibilidades son muchas pero están delimitadas por la obra o, en este caso, por la escena del asesinato. Sólo a partir de ella podrán corroborar o descartar hipótesis.
También se relata la actitud de las personas cuando se enteraron de que el asesino había eliminado al hijo de los Marr, y el narrador manifiesta que “De todo el tejido de atrocidades nada enconó tanto el furor popular contra el desconocido rufián como esta insensata matanza de un niño” (De Quincey, 1999:90-91). Así, se aprecia que el asesinato de un niño tiene mucha resonancia en la sociedad. ¿Qué sucede cuando la que asesina a un niño es la propia madre? Ese es el caso de Medea, quien con el afán de vengarse del marido decide eliminar lo que él quiere. De esa forma provoca daño a Jasón: asesinando al ‘objeto’ del amor. Pero no podemos considerar –de acuerdo con lo que plantea De Quincey- el obrar de Medea como obra de arte, porque ella lo hizo por venganza y el asesinato como arte no debe concebirse como venganza o como resultado de un robo. Pero si cumple uno de los requisitos que se plantea y es la cercanía con respecto a la ‘víctima’.

Un aspecto importante es el asesinar y no así el de envenenar, en todos los casos planteados en la obra de De Quincey se programa un degollamiento o un colgamiento. Así, las víctimas de Williams e incluso las muertes de los hermanos M’Kean se producen por ahorcamiento. ¿Por qué atentar contra el cuello? Una posible respuesta es la de separar el cuerpo de la cabeza, esta última representa –como bien se sabe- la racionalidad. Así, lo que De Quincey estaría planteando es alejar al sujeto de la razón, la cual se sobrepone a los deseos del individuo…
Bibliografía
Báez, Fernando
2003                            Thomas De Quincey: El crimen como hecho estético 1. Madrid: Espéculo. Revista de Estudios Literarios. En: www.ucm.es/info/especulo/numero23/quincey.html
De Quincey, Thomas
1999                           Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes. Madrid: Alianza.






[1]Estas fechas, que sólo interesan a las enciclopedias y [a] los estudiosos de los epitafios, arte que parece haber consumido la mitad de las investigaciones literarias contemporáneas, estas fechas, digo, nos hablan de 74 años de vida. En medio de esos dos extremos, hay una historia terrible, una versión del caos (…)”. Fernando Báez. Thomas De Quincey: El crimen como hecho estético I. http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/quincey.html
[2] Ello no solo se adecua a ese tiempo –cabe destacar que la cita pertenece al primer ensayo- ya que en nuestra cotidianidad vemos que los periódicos más leídos son los de crónica roja.
[3] La primera es un conflicto entre los dos amigos; la segunda –la más aceptada- se remonta a una historia de amor, en la cual Williams se enamoró de la Sra. Marr, pero que no fue correspondido.